paraiso en el corazon

Archive for junio 2013

Este es mi 3º y ultimo programa, no es pq me hayan echado de la emisora, pues tal emisora no existe sino en la imaginacion, solo que considero que 3 programas son suficientes, una vez fui locutor en una emisora de barrio ” radio cultural surco ” y tenia la ilusion de volver a ser locutor de radio y aunque no es lo mismo, en cierta manera cumpli ese sueño, asi que si tienes sueño y tu corazon te dice que puedes hacerlo para gloria de Dios, para dejar un mundo mejor o simplemente pq es tu ilusion, ve a por ese sueño, no importa si lo consigues o no, solo que te atrevas a intentar realizarlo. Sino nunca lo sabras si era o no realizable.

A Ti, Señor, levanto mis ojos; en Ti confió, Dios mío, padre de misericordias. Bendice y

santifica mi alma con bendición celestial, para que sea morada santa tuya, y silla de tu gloria

eterna; y no haya en este templo tuyo cosa que ofenda los ojos de tu majestad soberana.

Mírame según la grandeza de tu bondad, y según la multitud de tus misericordias, y oye la

oración de este pobre siervo tuyo, desterrado lejos en la región de la sombra de la muerte.

Defiende y conserva el alma de este tu siervecillo entre tantos peligros de la vida corruptible; y

acompañándola tu gracia, guíala por el camino de la paz a la patria de la perpetua claridad.

Amén.

¡Oh verdad mía y misericordia

mía, Dios mío, Trinidad bienaventurada: a Ti sola sea alabanza, honra, virtud y gloria para

siempre jamás!

¡Oh luz perpetua, que estás sobre toda luz creada! Envía desde lo alto tal resplandor, que

penetre todo lo secreto de mi corazón. Purifica, alegra, clarifica y vivifica mi espíritu y sus

potencias, para que se una contigo con exceso de júbilo

Sea tu nombre, Señor, para siempre bendito, que quisiste que viniese sobre mí esta

tentación y tribulación. Yo no puedo huirla; sino que necesito acudir a Ti, para que me ayudes,

y me la conviertas en provecho. Señor; ahora estoy atribulado, y no le va bien a mi corazón;

sino que me atormenta mucho esta pasión. Y ¿qué diré ahora, Padre amado? Rodeado estoy

de angustias. Sálvame en esta hora. Mas he llegado a este trance, para que seas Tú glorificado

cuando yo estuviere muy humillado y fuere librado por Ti. Dígnate, Señor, librarme; porque yo,

pobre, ¿qué puedo hacer, y adónde iré sin Ti? Dame paciencia, Señor, también en este trance.

Ayúdame, Dios mío, y no temeré por más atribulado que me halle.

Dame, Señor, sabiduría celestial, para que aprenda a buscarte y hallarte sobre todas las

cosas, gustarte y amarte sobre todas y entender lo demás como es, según el orden de tu

sabiduría. Dame prudencia para desviarme del lisonjero, y sufrir con paciencia el adversario.

Porque esta es muy gran sabiduría, no moverse a todo viento de palabras, ni tampoco dar

oídos a la engañosa sirena, pues así se anda con seguridad el camino del cielo.

Señor, Dios mío, no te alejes de mí: Dios mío, cuida de ayudarme, pues se han levantado

contra mí varios pensamientos y grandes temores que afligen mi alma. ¿Cómo saldré sin daño?

¿Cómo los desecharé?

 Yo, dices, iré delante de ti, y humillaré los soberbios de la tierra. Abriré las puertas de la

cárcel, y te revelaré los secretos de las cosas escondidas.

 Haz, Señor, como lo dices, y huyan de tu presencia todos los malos pensamientos. Esta es mi

esperanza y única consolación, acudir a Ti en toda tribulación, confiar en Ti, invocarte de veras,

y esperar constantemente que me consueles.

Alúmbrame, buen Jesús, con la claridad de tu lumbre interior, y quita de la morada de mi

corazón toda tiniebla. Refrena mis muchas distracciones, y quebranta las tentaciones que me

hacen violencia. Pelea fuertemente por mí, y ahuyenta las malas bestias que son los apetitos

halagüeños, para que venga la paz con tu virtud, y resuene la abundancia de tu alabanza en el

santo palacio; esto es, en la conciencia limpia. Manda a los vientos y tempestades. Di al mar:

sosiégate; y al cierzo: No soples; y habrá gran bonanza.

Envía tu luz y tu verdad para que resplandezcan sobre la tierra, porque soy tierra vana y

vacía hasta que Tú me alumbres. Derrama de lo alto tu gracia; riega mi corazón con el rocío

celestial; concédeme las aguas de la devoción para sazonar la superficie de la tierra; porque

produzca fruto bueno y perfecto. Levanta el ánimo oprimido por el peso de los pecados, y

emplea todo mi deseo en las cosas del cielo: porque después de gustada suavidad de la

felicidad celestial, me sea enfadoso pensar en lo terrestre.

Apártame y líbrame de la transitoria consolación de las criaturas; porque ninguna cosa

criada basta para aquietar y consolar cumplidamente mi apetito. Uneme a Ti con el vínculo

inseparable del amor; porque Tú solo bastas al que te ama, y sin Ti todas las cosas son

despreciables.

Señor, si te agradare, hágase esto así. Señor, si es honra tuya,

hágase esto en tu nombre. Señor, si vieres que me conviene, y hallares serme provechoso,

concédemelo para que use de ello a honra tuya. Mas si conocieres que me sería dañoso, y

nada provechoso a la salvación de mi alma, desvía de mí tal deseo

Señor, Tú sabes lo que es mejor: haz esto o aquello, según

te agradare. Da lo que quisieres, y cuanto quisieres, y cuando quisieres. Haz conmigo como

sabes, y como más te agradare, y fuere mayor honra tuya. Ponme donde quisieres, dispón de

mi libremente en todo. En tu mano estoy, vuélveme y revuélveme a la redonda. Ve aquí tu

siervo dispuesto a todo; porque no deseo, Señor, vivir para mí sino para Ti. ¡Ojalá que viva

dignamente y perfectamente!

Concédeme, benignísimo Jesús, tu gracia para que esté conmigo, y obre conmigo, y

persevere conmigo hasta el fin. Dame que desee y quiera siempre lo que te es más acepto y

agradable a Ti. Tu voluntad sea la mía, y mi voluntad siga siempre la tuya, y se conforme en

todo con ella. Tenga yo un querer y no querer contigo; y no pueda querer ni no querer lo que

Tú quieres y no quieres.

fuera de Ti todas las cosas son molestas e inquietas. En esta paz permanente, esto es, en Ti,

Sumo y eterno Bien. Dormiré y descansaré. Amén

Señor, esté mi voluntad firme y recta contigo, y haz de mi lo que te agradare.

Que no puede ser sino bueno todo lo que Tú hicieres de mí. Si quieres que esté en tinieblas,

bendito seas; y si quieres que esté en luz, seas también bendito. Si te dignares de consolarme,

bendito seas; y si me quieres atribular, también seas bendito para siempre.

Señor, de buena gana padeceré por Ti todo lo que quisieres que venga sobre mí.

Indiferentemente quiero recibir de tu mano lo bueno y lo malo, lo dulce y lo amargo, lo alegre

y lo triste; y te daré gracias por todo lo que me sucediere. Guárdame de todo pecado, y no

temeré la muerte ni el infierno. Con tal que no me apartes de Ti para siempre, ni me borres del

libro de la vida, no me dañará cualquier tribulación que venga sobre mí.

Hazme, Señor, posible por la gracia, lo que me parece imposible por mi naturaleza. Tú sabes

cuán poco puedo yo padecer, y que presto desfallezco a la más leve adversidad. Séame por tu

nombre amable y deseable cualquier ejercicio de paciencia; porque el padecer y ser

atormentado por Ti, es de gran salud para mi alma.

Señor, Dios mío, ayúdame en mi buen intento y en

tu santo servicio, y dame gracia para que comience hoy perfectamente, porque no es nada

cuanto hice hasta aquí.

Señor Dios mío, Tú eres todos mis bienes. ¿Quién soy yo para que me atreva a hablarte?

Yo soy un pobrísimo siervecillo tuyo, y gusanillo desechado, mucho más pobre y despreciable

de lo que yo sé y puedo decir.

Pero acuérdate, Señor, que soy nada, nada tengo y nada valgo.

Tú solo eres bueno, justo y santo; Tú lo puedes todo, lo das todo, dejando vacío solamente al

pecador.

Acuérdate de tus misericordias, y llena mi corazón de gracia; pues no quieres que sean vacías

tus obras.

¿Cómo podré sufrirme en esta miserable vida, si no me confortare tu gracia y misericordia?

No me vuelvas el rostro; no dilates tu visitación; no desvíes tu consuelo, porque no sea mi

alma para Ti como la tierra sin agua.

Señor, enséñame a hacer tu voluntad; enséñame a conversar delante de Ti digna y

humildemente, pues Tú eres mi sabiduría, que en verdad me conoces, y conociste antes que el

mundo se hiciese, y yo naciese en el mundo.

Enséñeme tu verdad, y ella

me guarde y me conserve hasta alcanzar mi salvación.

Ella me libre de toda mala afición y amor desordenado, y andaré contigo en gran libertad de

corazón.

Dilátame en el amor, para que aprenda a gustar con la boca interior del corazón cuán suave

es amar y derretirse y nadar en el amor.

Sea yo cautivo del amor, saliendo de mí por él grande fervor y admiración.

Cante yo cánticos de amor: sígate, amado mío, a lo alto, y desfallezca mi alma en tu alabanza,

alegrándome por el amor.

Amete yo más que a mí, y no me ame a mí sino por Ti, y en Ti a todos los que de verdad te

aman como manda la ley del amor, que emana de Ti como un resplandor de tu divinidad.

——————————————–

Quien me sigue no anda en tinieblas (Jn., 8, 12), dice el Señor.

El que quiera entender plenamente y saborear las

palabras de Cristo, conviene que procure conformar con Él toda su vida.

El que bien se conoce, tienese por vil,

y no se deleita en alabanzas humanas.

EI verdadero conocimiento y desprecio de sí mismo es altísima y doctísima lección. Gran

sabiduría y perfección es sentir siempre bien y grandes cosas de otros, y tenerse y reputarse

en nada. Si vieres a alguno pecar públicamente o cometer culpas graves, no te debes juzgar

por mejor, porque no sabes cuánto podrás perseverar en el bien. Todos somos flacos; mas tú a

nadie tengas por más flaco que a ti.

Verdaderamente es grande el que

tiene gran caridad. Verdaderamente es grande el que se tiene por pequeño y tiene en nada la

más encumbrada honra. Verdaderamente es prudente el que todo lo terreno tiene por

estiércol l (Phil., 3, 8) para ganar a Cristo. Y verdaderamente es sabio el que hace la voluntad

de Dios y deja la suya.

Vano es el que pone su esperanza en los hombres o en las criaturas. No te avergüences de

servir a otros por amor a Jesucristo y parecer pobre en este siglo.

No confíes de ti mismo, sino pon tu esperanza en Dios. Haz lo que puedas, y Dios favorecerá tu

buena voluntad. No confíes en tu ciencia ni en la astucia de ningún viviente, sino en la gracia

de Dios que ayuda a los humildes y abate a los presumidos.

Si quieres estar bien y

aprovechar, mírate como desterrado y peregrino sobre la tierra.

El que busca algo fuera de Dios y la salvación de su alma, no hallará sino tribulación y dolor. No

puede estar mucho tiempo en paz el que no procura ser el menor y el más sujeto de todos.

Alza tus ojos a Dios en el cielo, y ruega por tus pecados y negligencias.

Cierra tu puerta sobre ti, y

llama a tu amado Jesús; permanece con El en tu aposento, que no hallarás en otro lugar tanta

paz.

Si no salieras ni oyeras noticias,

Dame, Señor, a comer el pan de lágrimas, y a beber en

abundancia el agua de mis lloros.

Guarda tu corazón libre y levantado a Dios, porque aquí no tienes domicilio permanente.

A El dirige tus oraciones y gemidos cada día con lágrimas, porque merezca tu espíritu, después

de la muerte, pasar dichosamente al descanso del Señor.

Todo, pues, es vanidad, sino amar a Dios, y servirle a El solo.

Porque los que aman a Dios de todo corazón, no temen la muerte, ni el tormento, ni el juicio,

ni el infierno; pues el amor perfecto tiene segura entrada para Dios.

Bien puedes avergonzarte mirando la vida de Jesucristo; porque aún no estudiaste a

conformarte más con El, aunque ha muchos años que estás en el camino de Dios.

El religioso que se ejercita intensa y devotamente en la santísima vida y pasión del Señor, halla

allí todo lo útil y necesario cumplidamente para sí; y no hay necesidad que busque cosa mejor

fuera de Jesús.

¡Oh! ¡Si viniese a nuestro corazón Jesús crucificado, cuán presto y cumplidamente seríamos

enseñados.

Dice el Señor: El reino de Dios dentro de vosotros está. Conviértete a Dios de todo corazón,

y deja ese miserable mundo, y hallará tu alma reposo.

Aprende a menospreciar las cosas exteriores y darte a las interiores, y verás que se vienen a ti

el reino de Dios.

Pues el reino de Dios es paz y gozo en el Espíritu Santo

Si preparas digna morada interiormente a Jesucristo, vendrá a ti, y te mostrará su consolación.

Toda su gloria y hermosura está en lo interior, y allí se está complaciendo.

Ea, pues, alma fiel, prepara tu corazón a este Esposo para que quiera venirse a ti, y hablar

contigo.

Porque él dice así: Si alguno me ama, guardará mi palabra, y vendremos a él y haremos en él

nuestra morada.

Da, pues, lugar a Cristo, y a todo lo demás cierra la puerta.

Si a Cristo tuvieres, estarás rico, y te bastará. El será tu fiel procurador, y te proveerá de todo,

de manera que no tendrás necesidad de esperar en los hombres.

Pon en Dios toda tu esperanza, y sea El tu temor y tu amor. El responderá por ti, y lo hará bien,

como mejor convenga.

En el Altísimo pon tu pensamiento, y tu oración sin cesar sea dirigida a Cristo

Si no sabes contemplar las cosas altas y celestiales, descansa en la pasión de Cristo y habita

gustosamente en sus grandes llagas

Porque si te acoges devotamente a las llagas y preciosas heridas de Jesús, gran consuelo

sentirás en la tribulación, y no harás mucho caso de los desprecios de los hombres, y

fácilmente sufrirás las palabras maldicientes.

Sufre con Cristo y por Cristo, si quieres reinar con Cristo

Ama a Jesús y tenle por amigo, que aunque todos te desamparen, El no te desamparará ni te

dejará perecer en el fin

Niégate a ti mismo, toma tu cruz, y sigue a Jesús

Cuando llegares a tanto, que la aflicción te sea dulce y gustosa por amor de Cristo, piensa

entonces que te va bien; porque hallaste el paraíso en la tierra.

Jesucristo: Yo soy tu salud, tu paz y tu vida.

Consérvate cerca de mí, y hallarás paz.

Por un pequeño beneficio van los hombres largo camino, y por la vida eterna con dificultad

muchos levantan una vez el pie del suelo.

Daré lo que he prometido; cumpliré lo que he dicho, si alguno perseverare fiel en mi amor

hasta el fin.

Hijo, anda delante de Mí en verdad, y búscame siempre con sencillez de corazón.

Piensa en tus pecados con gran descontento y tristeza, y nunca te juzgues ser algo por tus

buenas obras.

Nada tengas por grande, nada por precioso y admirable; nada estimes por digno de

reputación, nada por alto, nada por verdaderamente de alabar y codiciar sino lo que es eterno.

Agrádete sobre todas las cosas la verdad eterna, y desagrádete siempre sobre todo tu

grandísima vileza.

Nada temas, ni desprecies, ni huyas cosa alguna tanto como tus vicios y pecados, los cuales te

deben desagradar más que los daños de las cosas.

Algunos me traen en la boca; pero pocos en el corazón.

Hay otros, que alumbrados en el entendimiento y purgados en el afecto, suspiran siempre por

las cosas eternas, oyen con pena las terrenas, y con dolor sirven a las necesidades de la

naturaleza; y éstos sienten lo que habla en ellos el espíritu de verdad.

El que no está dispuesto a sufrirlo todo, y a hacer la voluntad del amado, no es digno de

llamarse amante.

Conviene al que ama abrazar de buena voluntad por el amado todo lo duro y amargo, y no

apartarse de El por cosa contraria que acaezca.

No te turben, pues, las imaginaciones extrañas de diversas materias que te ocurrieren.

Guarda tu firme propósito y la intención recta para con Dios.

Ni tengas a engaño que de repente te arrebaten alguna vez a lo alto, y luego te torne a las

pequeñeces acostumbradas del corazón.

Porque más las sufres contra tu voluntad que las causas; y mientras te dan pena y las

contradices, mérito es y no pérdida.

Persuádete que el enemigo antiguo de todos modos se esfuerza para impedir tu deseo en el

bien, y apartarte de todo ejercicio devoto

Te trae muchos pensamientos malos para disgustarte y atemorizarte, para desviarte de la

oración y de la lección sagrada.

No le creas, ni hagas caso de él; aunque muchas veces te arme lazos para seducirte.

Cuando te trajere pensamientos malos y torpes, atribúyelos a él, y dile:

Vete de aquí, espíritu inmundo; avergüénzate, desventurado; muy sucio eres, pues me traes

tales cosas a la imaginación.

Apártate de mí, malvado engañador; no tendrás parte ninguna en mí; mas Jesús estará

conmigo como invencible capitán, y tú estarás confundido.

Más quiero morir y sufrir cualquier pena que condescender contigo.

Calla y enmudece, no te oiré ya aunque más me importunes. El Señor es mi luz y mi salud. ¿A

quién temeré?

Aunque se ponga contra mi un ejercito, no temerá mi corazón. El Señor es mi ayuda y mi

Redentor.

Pelea como buen soldado; y si alguna vez cayeres por flaqueza de corazón, procura cobrar

mayores fuerzas que las primeras, confiando de mayor favor mío, y guárdate mucho del vano

contentamiento y de la soberbia.

Piensa cuando estás en gracia, cuán miserable y pobre sueles ser sin ella.

Y no está sólo el aprovechamiento de la vida espiritual en tener gracia de consolación, sino en

que con humildad, abnegación y paciencia lleves a bien que se te quite, de suerte que

entonces, no aflojes en el cuidado de la oración, ni dejes del todo las demás buenas obras que

sueles hacer ordinariamente.

Mas como mejor pudieres y entendieres, haz de buena gana cuanto está en ti, sin que por la

sequedad o angustia del espíritu que sientes, te descuides del todo.

tampoco sabe mucho de virtud el que en tiempo de adversidad y de cualquiera molestia se

desanima demasiado, y no piensa ni siente de Mí con la debida confianza.

El que quisiere estar muy seguro en tiempo de paz, se encontrará abatido y temeroso en

tiempo de guerra.

Si supieses permanecer siempre humilde y pequeño para contigo, y moderar y regir bien tu

espíritu, no caerías tan presto en peligro ni pecado.

Buen consejo es que pienses cuando estás con fervor de espíritu, lo que puede ocurrir con la

ausencia de la luz.

Cuando esto acaeciere, piensa que otra vez puede volver la luz, que para tu seguridad y gloria

mía te quité por algún tiempo.

Más aprovecha muchas veces esta prueba, que si tuvieses de continuo a tu voluntad las

cosas que deseas.

Porque los merecimientos no se han de calificas por tener muchas visiones o consolaciones, o

porque sea uno entendido en la Escritura, o por estar levantado en dignidad más alta.

Sino que consiste en estar fundado en verdadera humildad y lleno de caridad divina, en buscar

siempre pura y enteramente la honra de Dios, en reputarse a sí mismo por nada, y

verdaderamente despreciarse, y en desear más ser abatido y despreciado, que honrado de

otros.

¿Hablaré a mi Señor, siendo yo polvo y ceniza? Si por más me reputare, Tú estás contra mí, y

mis maldades dan verdadero testimonio que no puedo contradecir.

Mas si me humillare y anonadare, y dejare toda propia estimación, y me volviere polvo como

lo soy, será favorable para mí tu gracia, y tu luz se acercará a mi corazón, y toda estimación,

por poca que sea, se hundirá en el valle de mi miseria, y perecerá para siempre.

Allí me hacer conocer a mí mismo lo que soy, lo que fui y en lo que he parado; porque soy

nada y no lo conocí.

Abandonado a mis fuerzas, soy nada y todo flaqueza; pero al punto que Tú me miras, luego me

hago fuerte, y me lleno de gozo nuevo.

Y es cosa maravillosa por cierto cómo tan de repente soy levantado sobre mí, y abrazado de Ti

con tanta benignidad; siendo así que yo, según mi propio peso, siempre voy a lo bajo.

Esto hace tu amor gratuitamente, anticipándose y socorriéndome en tanta multitud de

necesidades, guardándome también de graves peligros, y librándome de males

verdaderamente innumerables.

Porque yo me pedí amándome desordenadamente; pero buscándote a Ti solo, y amándote

puramente me hallé a mí no menos que a Ti; y por el amor me anonadé más profundamente.

Porque Tú, oh dulcísimo Señor, haces conmigo mucho más de lo que merezco y más de lo que

me atrevo a esperar y pedir.

Esto hace tu amor gratuitamente, anticipándose y socorriéndome en tanta multitud de

necesidades, guardándome también de graves peligros, y librándome de males

verdaderamente innumerables.

Porque yo me perdí amándome desordenadamente; pero buscándote a Ti solo, y amándote

puramente me hallé a mí no menos que a Ti; y por el amor me anonadé más profundamente.

Porque Tú, oh dulcísimo Señor, haces conmigo mucho más de lo que merezco y más de lo que me atrevo a esperar y pedir.

no te apropies a ti alguna cosa buena, ni atribuyas a algún hombre la virtud, sino

refiérelo todo a Dios, sin el cual nada tiene el hombre.

Si bien lo entiendes, en Mí solo te has de alegrar, y en Mí solo has de esperar; porque ninguno

es bueno sino sólo Dios, el cual es de alabar sobre todas las cosas, y debe ser bendito en todas

ellas.

Señor Dios, a lo que yo echo de ver, la paciencia me es muy necesaria; porque en esta vida

acaecen muchas adversidades. Pues de cualquiera suerte que ordenare mi paz, no puede estar

mi vida sin batalla y sin dolor.

Así es, hijo; pero no quiero que busques tal paz, que carezca de tentaciones, y no sienta

contrariedades. Antes cuando fueres ejercitado en diversas tribulaciones, y probado en

muchas contrariedades, entonces piensa que has hallado la paz. Si dijeres que no puedes

padecer mucho ¿cómo sufrirás el fuego del Purgatorio? De dos males siempre se ha de escoger

el menor. Por eso, para que puedas escapar de los tormentos eternos, estudia sufrir con

paciencia por Dios los males presentes. ¿Piensas tú que sufren poco o nada los hombres del

mundo? No lo creas, aunque sean los más regalados.

Porque si quieres tener verdadero gozo, y ser consolado por Mí abundantísimamente, tu

suerte y bendición estará en el desprecio de todas las cosas del mundo, y en cortar de ti todo

deleite terreno, y así se te dará copiosa consolación. Y cuanto más te desviares de todo

consuelo de las criaturas, tanto hallarás en Mí más suaves y poderosas consolaciones. Mas no

las alcanzarás sin alguna pena, ni sin el trabajo de la pelea. La costumbre te será contraria;

pero la vencerás con otra costumbre mejor. La carne resistirá; pero la refrenarás con el fervor

del espíritu. La serpiente antigua te instigará y exasperará: pero se ahuyentará con la oración,

y con el trabajo provechoso le cerrarás del todo la puerta.

¿Qué tienes, hombre

despreciable, de qué quejarte? ¿Qué puedes contradecir, sórdido pecador, a los que te

maltratan, pues tantas veces ofendiste a tu Criador, y muchas mereciste el infierno? Pero te

perdonaron mis ojos, porque tu alma fue preciosa delante de Mí, para que conocieses mi

amor, y fueses siempre agradable a mis beneficios. Y para que te dieses continuamente a la

verdadera humildad y sujeción, y sufrieses con paciencia tu propio menosprecio.

Procura, hijo, hacer antes la voluntad de otro que la tuya. Escoge siempre tener menos que

más. Busca siempre el lugar más bajo, y está sujeto a todos. Desea siempre, y ruega que se

cumpla en ti enteramente la divina voluntad. Así entrarás en los términos de la paz y descanso

Mira en todas las cosas lo que haces y lo que dices, y dirige toda tu intención al fin de

agradarme a Mí solo, y no desear ni buscar nada fuera de Mí. Ni juzgues temerariamente de

los hechos o dichos ajenos, ni te entremetas en lo que no te han encomendado: con esto

podrá ser poco o tarde te turbes. Porque el no sentir alguna tribulación, ni sufrir alguna fatiga

en el corazón o en el cuerpo, no es de este siglo, sino propio del eterno descanso. No juzgues,

pues, haber hallado la verdadera paz, porque no sientas alguna pesadumbre; ni que ya es todo

bueno, porque no tengas ningún adversario; ni que está la perfección en que todo te suceda

según tú quieres. Ni entonces te reputes por grande o digno especialmente de amor, porque

tengas gran devoción y dulzura; porque en estas cosas no se conoce el verdadero amador de la

virtud, ni consiste en ellas el provecho y perfección del hombre.

En ofrecerte de todo tu corazón a la divina voluntad, no buscando tu interés en lo poco, ni

en lo mucho, ni en lo temporal, ni en lo eterno. De manera que con rostro igual, des gracias a

Dios en las cosas prósperas y adversas, pensándolo todo con un mismo peso. Si fueres tan

fuerte y firme en la esperanza que, quitándote la consolación interior, aún esté dispuesto tu

corazón para padecer mayores penas, y no te justificares, diciendo que no debieras padecer

tales ni tantas cosas, sino que me tuvieres por justo y alabares por santo en todo lo que Yo

ordenare, cree entonces que andas en el recto camino de la paz, y podrás tener esperanza

cierta de ver nuevamente mi rostro con júbilo. Y si llegares al perfecto menosprecio de ti

mismo, sábete que entonces gozaras de abundancia de paz, cuanto cabe en este destierro.

¿Por qué te consumes con vana tristeza? ¿Por qué te fatigas con superfluos cuidados? Está a

mi voluntad, y no sentirás daño alguno

Hijo, no te enojes si algunos tuvieren mala opinión de ti, y dijeren lo que no quisieras oír. Tú

debes sentir de ti peores cosas, y tenerte por el más flaco de todos. Si andas dentro de ti, no

apreciarás mucho las palabras que vuelan. No es poca prudencia callar en el tiempo adverso, y

volverse a mi corazón, sin turbarse por los juicios humanos.

No esté tu paz en la boca de los hombres; pues si pensaren de ti bien o mal, no serás por eso

hombre diferente. ¿Dónde está la verdadera paz y la verdadera gloria sino en Mí? Y el que no

desea contentar a los hombres, ni teme desagradarlos, gozará de mucha paz. Del desordenado

amor y vano temor, nace todo desasosiego del corazón, y la distracción de los sentidos

No se turbe, pues, ni tema tu corazón. Cree en Mí, y ten

confianza en mi misericordia. Cuando piensas que estás lejos de Mí, estoy más cerca de ti

regularmente. Cuando piensas que está todo casi perdido, entonces muchas veces está cerca

la ganancia del merecer. No está todo perdido cuando alguna cosa te sucede contraria. No

debes juzgar como sientes ahora, ni embarazarte ni acongojarte con cualquier contrariedad

que te venga, como si no hubiese esperanza de remedio.

No te tengas por desamparado del todo, aunque te envíe a tiempos alguna tribulación, o te

prive del consuelo deseado; porque de este modo se llega al reino de los cielos. Y sin duda te

conviene más a ti, y a los demás siervos míos, ser ejercitados en adversidades, que si todo os

sucediese a vuestro gusto. Yo penetro los secretos; y sé que te conviene mucho para tu bien,

que algunas veces te deje desconsolado; para que no te ensoberbezcas en los sucesos

prósperos, ni quieras complacerte en ti mismo por lo que no eres. Lo que yo te di, te lo puedo

quitar, y volvértelo cuando me agradare.

Cuando te lo diere, mío es: cuando te lo quitare, no tomo cosa tuya, pues mía es cualquier

dádiva buena y todo don perfecto. Si te enviare pesadumbre, o alguna contrariedad, no te

indignes, ni desfallezca tu corazón. Presto puedo levantarte, y mudar toda pena en gozo. Justo

soy, y digno de ser alabado, cuando así me porto contigo

Si bien lo entiendes y lo miras a la luz de la verdad, nunca te debes entristecer, ni descaecer

tanto por las adversidades; sino antes holgarte más y darme gracias. Y tener por único gozo el

ver que afligiéndote con dolores, no te contemplo. Así como me amó el Padre, Yo os amo, dije

a mis amados discípulos, los cuales no envié a gozos temporales, sino a grandes peleas; no a

honras, sino a desprecios; no a ocio, sino a trabajos; no al descanso, sino a recoger grandes

frutos de paciencia. Acuérdate, hijo mío, de estas palabras.

Si buscas descanso en esta vida, ¿cómo hallarás entonces la eterna bienaventuranza? No

procures mucho descanso, sino mucha paciencia. Busca la verdadera paz, no en la tierra, sino

en el cielo: no en los hombres ni en las demás criaturas, sino en Dios solo. Por amor de Dios

debes padecer de buena gana todas las cosas adversas; como son trabajos, dolores,

tentaciones, vejaciones, congojas, necesidades, dolencias, injurias, murmuraciones,

reprensiones, humillaciones, confusiones, correcciones y menosprecios. Estas cosas

aprovechan para la virtud; estas prueban al nuevo soldado de Cristo; estas fabrican la corona

celestial. Yo daré eterno galardón por breve trabajo, y gloria infinita por la confusión pasajera.

Hijo, pon tu corazón fijamente en Dios, y no temas los juicios humanos cuando la conciencia

no te acusa. Bueno es, y dichoso también padecer de esta suerte; y esto no es duro al corazón

humilde que confía más en Dios que en sí mismo

Hijo, déjate a ti y me hallarás a Mí. Vive sin voluntad ni amor propio, y ganarás siempre.

Porque al punto que te renunciares sin reserva, se te dará mayor gracia.

La verdadera gloria y alegría santa consiste en gloriarse en Ti y no en sí; gozarse en tu

nombre, y no en su propia virtud, ni deleitarse en criatura alguna sino por Ti. Sea alabado tu

nombre, y no el mío: engrandecidas sean tus obras, y no las mías: bendito sea tu santo

nombre, y no me sea a mí atribuida parte alguna de las alabanzas de los hombres. Tú eres mi

gloria; Tú la alegría de mi corazón. En Ti me gloriaré y ensalzaré todos los días: mas de mi parte

no hay qué, sino de mis flaquezas.

Hijo, no te pese si vieres honrar y ensalzar a otros, y tú ser despreciado y abatido. Levanta tu

corazón a Mí en el cielo, y no te entristecerá el desprecio humano en la tierra.


Bienvenido

Cruz franciscana

Bendicion de san francisco de asis

Firma hermano santiago

Quien soy

soy un ser espiritual que viaja en un vehiculo llamado cuerpo, por su periplo terrenal. Creo en Dios, pues tengo fe por la gracia de Dios. Mi religion mas afin es la catolica, pero ello no conlleva que acepte todo, me quedo con lo que me gusta y lo demas sigo la conciencia de mi corazon. Intento seguir las enseñanzas del amor, seguir las huellas de Jesus, aun con mis debilidades, miserias, errores, etc. Creas o no en Dios, ama a cada ser humano que encuentres en tu camino....si respondes " yo no se amar ", te dire...amar se aprende amando, aun cuando leas la biblia o mil libros que versen sobre el amor sino pones en practica las enseñanzas del amor que hay escritas en tu corazon, de nada te serviria decir a los 4 vientos...amen, si luego tu no amas, asi pues ama aunque te duela, ama aunque llores, ama aunque ese amor no sea correspondido, nunca te arrepientas de haber amado.

ojos verdes

una sonrisa del corazon

sonrisa de papel

Jesus en ti confio

Sagrado Corazon de Jesus

Dios te ama

Dios es amor

Gracias Dios mio

Gracias

detector de sonrisas

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cosecha del corazon

Hermanos en el amor

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