paraiso en el corazon

El zapatito feo

Posted on: octubre 15, 2012

Cuenta la historia, que una noche de reyes Magos, sucedió algo muy especial y mágico, en un pequeño orfanato, de una pequeña ciudad. Era la víspera de Reyes, todos los niños corrían locos de contentos y como no, un poquito nerviosos, por la emoción contenida tras todo un año de espera. Se veía una hermosa tarde. El sol brillaba llenando todo de vivos colores. Alguna nube gandula y despistada vagaba por el inmenso cielo azul y los pajaritos silbaban lindas canciones en las ramas de los árboles, tan lindas que solo te daban ganas de saltar bailando. Juan, Pedro y el resto de sus compañeros, se encontraban en el parque del recinto, jugando junto al gran tobogán rojo de escaleras amarillas. Juan, un niño Rubio de grandes ojos azules y carita de nunca haber roto un plato. Era uno de esos niños que cuando juegan a ladrones y policías siempre quería ser el policía, y si jugaban entre varios niños, el siempre era el jefe de los policías. También solía abusar de los niños más pequeños quitándoles el bocadillo en la hora de la merienda. A Juan ya le habían estado visitando sus futuros papás adoptivos, que se encontraban liados en trámites de adopción y en cada visita, no paraban de colmarlo de lindos y caros regalos. – Já, já, já- se reía Juan del pobre Pedro.- ¡Cuando los Reyes Magos vengan esta noche, y vean esos zapatos tan feos y viejos bajo el árbol de Navidad, seguro que te dejan carbón! – decía Juan burlonamente mientras señalaba hacia los zapatitos de Pedro.-En cambio a mi – continuo orgullosamente – seguro que me dejan más regalos que a nadie, en cuanto vean los zapatos nuevos que me acaban de regalar mis papis. Nada mas terminar de decir esto, dio un empujón a Pedro y lo dejo tirado en el suelo, muy triste y llorando. Pedro era un año menor que Juan, de pelo castaño, orejas pequeñas, nariz respingona y tímida sonrisa. Siempre ayudaba a sus compañeros con los deberes de la clase y era querido por todos los cuidadores, profesores y amigos. Si había que hacer un recado, ahí andaba Pedro. Que un compañero estaba triste, Pedro le animaba diciendo – No es nada, tranquilo, que todo problema tiene solución – y allá se ponían los dos a arreglar el problema. En definitiva, Pedro era un buen niño. – Levántate y no llores Pedrito- le dijo Ana.-No hagas caso de lo que te dice ese abusón- agregó Andrés. Se puso en pie y con la manga de la camisa secó las lágrimas de sus ojitos y cara. Suspiró y caminó hacia el salón del comedor, donde se encontraba el gran árbol de Navidad, que las monjitas habían hecho el día de Nochebuena. Se quito uno de sus zapatitos y lo puso al pie del árbol. Mirándolo con esperanzas pero ya no con tanta ilusión, se marcho a prepararse para la cena y allí dejo solito al zapatito. El pequeño zapato, avergonzado y a escondidas, sin que nadie lo viera salió corriendo del orfanato, y no paro de correr hasta doblar la esquina de un oscuro y estrecho callejón. Allí, tras un cubo de basuras, rompió a llorar desconsolado. – Sisss, sisss – le chisto un viejo gato gris, que le observaba desde lo alto del cubo.- ¿Por qué estas llorando zapatito? – pregunto el curioso gato.- Lloro porque por mi culpa, esta noche, cuando vengan los Reyes Magos y me vean viejo, sucio y un poco estropeado, le dejaran carbón al pobre Pedrito.- Siguió llorando el zapato.- No digas tonterías zapatito y sube aquí para que veas lo triste que está Pedro al ver que no estas bajo el árbol de Navidad.- ordeno enfadado el felino. El zapatito, de un gran salto se puso sobre el cubo, y junto al gato gris, miro atento por la ventana del comedor que daba hacia el callejón. Vio, sin decir una palabra, como Pedro le buscaba desesperado por todos lados y se iba muy triste al no encontrarle. De otro salto se puso en el suelo.- Gracias señor gato- dijo el viejo zapatito- me acabo de dar cuenta que Pedro me quiere mucho y yo no le puedo fallar así en la noche mágica de Reyes-. Y corriendo de nuevo, pero esta ves más valiente, el zapatito se fue a poner otra vez bajo el árbol. Se coloco al lado del reluciente y nuevo zapato Juan, el cual solo se digno a mirar a nuestro amigo por encima de los cordones, dándose aires de superioridad. Los niños cenaron, se lavaron los dientes, pusieron los pijamas y se metieron en sus camitas a dormir. Se apagaron las luces y todo quedo en silencio durante horas. Cuando ya todos dormían profundamente, la magia comenzó a llenar la noche. Trepaba por las paredes, entraba por las ventanas y rendijas, pasaba por encima de los niños dormidos y los saludaba con caricias, en la cocina, en el comedor, todo se llenaba de un brillo misterioso y mágico. Frente al árbol un fuerte resplandor, despertó a todos los zapatos, que asustados se escondieron bajo el abeto. Todos menos uno, que era el zapatito de Pedro. De repente se dibujaron las figuras de tres señores viejos y sabios, que portaban preciosas coronas en sus cabezas. ¡Eran los tres reyes Magos cargados de regalos! Sus Majestades comenzaron a observar detenidamente cada uno de los zapatos y seguidamente empezaron a poner regalos. ¿Y a que no sabéis en que zapato fue a parar el carbón? Pues todo el carbón fue a parar al zapato de Juan. ¿Y los mejores regalos? ¿Para quién? Sí señor, para nuestro querido amigo Pedro. Cuando los tres Reyes Magos se disponían a marcharse, el zapatito de Pedro se dirigió hacia ellos valiente pero con humildad y les dijo:- Disculpen mi atrevimiento sus Majestades.- ¿Dime zapatito de Pedro?- pregunto su Alteza Melchor.- Me estaba haciendo una pregunta y…- hizo una pausa el pequeño zapato- y que no quería quedarme con la duda.- Pues adelante zapatito valiente- sugirió el gran rey Gaspar.- Gracias.- dijo el Zapatito sonriente y prosiguió -¿Por qué a mí, que soy un zapatito viejo y feo, me dejáis tantos regalos y al zapato de Juan que esta nuevo y reluciente le ponéis carbón? – La respuesta es muy sencilla mi querido amiguito.- Continuó su sabia Majestad Baltasar.- Nosotros, como viejos y sabios que somos, no juzgamos la bondad de las personas, basándonos en el estado de sus zapatos. No nos fijamos si son nuevos o viejos, si están limpios o sucios, ni miramos las cualidades del calzado. Cuando miramos a un zapato, lo que vemos es el reflejo de los actos de aquel que los usas. En el bonito y nuevo zapato de Juan, vimos que su alma era triste, no iba así a ninguna parte. Por eso le pusimos el carbón más oscuro de nuestras minas de oriente. Para así recordarle que debe cambiar a mejor, si quiere llegar a ser una brillante estrella en el firmamento. Y en ti zapatito, hemos visto que Pedro es un niño noble y de puro corazón. Por eso zapatito, para nosotros tu eres el más bonito de todos los zapatos presentes. Todos los zapatos felicitaron y chocaron las puntas de los cordones al zapato de Pedro. Para el zapato de Pedro, esa fue la mejor noche de reyes de toda su vida. Y no lo fue tan solo porque a Pedro le dejaran los mejores regalos, además había aprendido la mejor lección del mundo. Que jamás se debe Juzgar a nada ni a nadie por su apariencia exterior, lo que cada ser esconde por dentro es mucho mejor. Y como mismo Vinieron los tres Reyes Magos, igualmente, desaparecieron.Otro fuerte resplandor los envolvió y al desvanecerse la luz divina ya solo quedaba la magia, que lentamente se retiraba. Salía del comedor, se marchaba por la cocina, despedía a los niños que seguían durmiendo sin enterarse de nada, con un besito de buenas noches y alejaba por ventanas y rendijas. Por la mañana, en un siempre hermoso día de Reyes y como de costumbre, María, que era la más pequeña y revoltosilla de las niñas del orfanato, despertó al resto de sus compañeros gritando repetidas veces, la famosa frase de “YA PASARON LOS REYES MAGOS “. Se formo un revuelo de almohadas, sabanas y mantas, mientras los niños apurados, se bajaban de sus camas para ponerse batas y zapatillas. A medida que se terminaban de colocar las prendas, salían corriendo uno tras otros disparados hacia el gran comedor. Todos se quedaron petrificados ante el majestuoso árbol de Navidad. ¡No se lo podían creer! Estaba repleto de regalos por todas partes. Ese año todos los niños se habían portado estupendamente bien. Bueno, todos, todos no. Juan lloraba desconsolado en una esquina del comedor y comprendía lo tonto que había sido al comportase como un niño malo. Pedrito, que lo vio tan desolado, no pudo evitar compadecerse de su compañero Juan y no lo pensó dos veces. Se dirigió hacia donde estaba Juanillo, cargando con la mitad de sus regalos.- No llores Juan, toma esto juguetes, a mi no me importa compartirlos contigo. Me parecen demasiados para mi solo. –Le consolaba Pedro, mientras ofrecía generosamente sus regalos.- ¿De verdad que no te importa? –Pregunto un poco más tranquilo Juan- ¿Harías eso por mí, después de lo que te hice ayer?- Claro que sí Juan. –Contesto Pedro- No debemos ser rencorosos los unos con los otros Juan. ¿O todavía no has aprendido nada, de lo sucedido de este día? Ambos comenzaron a carcajear, mientras afanadamente desenvolvían los maravillosos regalos, ganados por la bondad del corazón de Pedrito. En ese momento, llegaron los papás adoptivos de Juan. – ¡Hola cariño! Tenemos que darte una gran noticia – dijo el papá de Juan.- ¡Hola papá, hola mamá! ¿De que gran noticia me habláis?- pregunto Juan.-¡Hoy es el gran día! Por fin te vienes con nosotros a tu nuevo hogar.-contesto la mamá.- Juan, me parece que sus majestades los tres reyes Magos, han visto tu arrepentimiento y no te han dejado hoy sin tu recompensa.- susurro Pedro a los oídos de Juan. Juan miro al pequeño Pedro y nuevamente un fuerte sentimiento de culpabilidad y pena se apodero de su corazón. -¡Venga mi amor, a que esperas para cambiarte, recoger tus cosas y venirte con nosotros! le decía la mamá a Juan- ¿O es que ya no quieres que seamos tus papás?- No es eso mamá. Sois unos maravillosos padres.- Es que creo que no me merezco esta suerte tan grande.- dijo Juan sin levantar la cabeza.- ¿Por qué dices esas cosas mi amor?- pregunto papá. Juan confeso que no era tan buen niño como ellos creían. Les contó todo lo que había sucedió y termino diciendo:- Por eso, pienso que deberíais adoptar a Pedrito en vez de a mi. Los papás de Juan se apartaron del lugar donde estaban los niños y se pusieron a hablar en voz baja. Tras unos minutos de deliberación, regresaron junto a los niños. – Juan, no pensamos que tú seas un mal niño. – Tras una breve pausa continuó hablando papá.- Además, tu sinceridad demuestra que tienes buenos sentimientos. Nosotros nos enamoramos de ti desde el primer día que te vimos, fuiste un flechazo para nuestros corazones. Y es por esa razón, que nunca te dejaremos.- en cuanto a ti Pedro, lo que Juan nos ha contado, es digno de admirar y ese acto tuyo, no debería de quedarse sin un premio. – ¿Te gustaría ser hermanito de Juan?- dijo mama.- ¿Nos querrías tener como papis?- Siiiiii.- respondió Pedro loco de contento.- ¿Pues a que esperáis los dos para recoger vuestras cosas? ¡Vamos, que se hace tarde para el almuerzo! -Animaba el papa. Los dos nuevos hermanos salieron a toda velocidad hacia sus cuartos, y mientras los papás hablaban con la directora del centro, para arreglar el inmediato traslado de los niños, estos prepararon las maletas y despidieron de los que hasta el momento habían sido sus familiares. El motor del coche estaba encendido, los niños se despedían desde las ventanas del orfanato de Pedro y Juan. Estos no podían evitar sentir nostalgia de los buenos momentos que juntos pasaron en aquel centro. Alguna lagrima rodó por sus mejillas, y cuando Pedro se disponía a subir al vehiculo echo en falta algo. – ¡Mi zapatito!- exclamo Pedro. Y regreso junto al árbol de Navidad. – Estas aquí pequeñín.- dijo Pedro mientras se agachaba por su zapato. – ¿sabes una cosa?- Le pregunto Pedro al zapato- que siempre que sea la noche de reyes, tú tendrás un lugar bajo mi árbol de Navidad. Y así fue amiguitos, El pequeño zapato acompaño a Pedro en cada noche de Reyes hasta el final de sus días. Pedro relato esta historia a sus hijos, sobrinos y nietos, como yo te la he contado a ti. Y para Pedro y los suyos ese zapato era un recordatorio de que no debemos medir a las personas por su aspecto exterior, solo por la grandeza de sus actos. Colorín colorado, este cuento a acabado, y espero te haya gustado. Fin. Inspirado por mi hija, la noche de Reyes de 2006. A ti lo dedico María Gabriel.

Autor: Israel García Armas.

 

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Quien soy

soy un ser espiritual que viaja en un vehiculo llamado cuerpo, por su periplo terrenal. Creo en Dios, pues tengo fe por la gracia de Dios. Mi religion mas afin es la catolica, pero ello no conlleva que acepte todo, me quedo con lo que me gusta y lo demas sigo la conciencia de mi corazon. Intento seguir las enseñanzas del amor, seguir las huellas de Jesus, aun con mis debilidades, miserias, errores, etc. Creas o no en Dios, ama a cada ser humano que encuentres en tu camino....si respondes " yo no se amar ", te dire...amar se aprende amando, aun cuando leas la biblia o mil libros que versen sobre el amor sino pones en practica las enseñanzas del amor que hay escritas en tu corazon, de nada te serviria decir a los 4 vientos...amen, si luego tu no amas, asi pues ama aunque te duela, ama aunque llores, ama aunque ese amor no sea correspondido, nunca te arrepientas de haber amado.

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